
Son las nueve de la mañana de un jueves y Yoani tiene unos minutos para dar esta entrevista. Se disculpa por no haber respondido los correos enviados explicando que el servicio de internet en Cuba es precario y caro. Que sólo hay dos cafés que cuentan con red en toda La Habana. Que está absolutamente prohibido que las viviendas particulares tengan acceso a este servicio. Y que es una odisea para ella intentar actualizar su blog a diario. “Conectarse una hora a internet puede llevarte casi la mitad del salario (…) Entonces no me dedico a mirar las connotaciones de mi vida virtual porque no tengo tiempo para eso”.
Nacida y criada en Cuba, su infancia la pasí en un barrio del centro. Un vecindario bastante popular. “Creo que es un compactado de toda La Habana donde ves gente muy humilde. Yo vengo de una familia obrera; mi padre es maquinista de trenes, se llama Willy; mi mamá se llama María. Son personas muy sencillas”, relata con orgullo.
Sus abuelos eran emigrantes de España, venían de Asturias e Islas Canarias. Yoani creció junto a su hermana, un año mayor. Se llama Yulia, o sea, también es de la generación “Y”: gente con nombres que comienzan o contienen una y griega, nacidos en la Cuba de los años ‘70 y ‘80. Son las personas a las cuales está dedicado el blog donde Yoani escribe sus columnas desde hace poco más de un año. Y es, justamente, gracias a esa página que ella se ha convertido en un ícono mundial con millones de lectores y visitas que devoran sus escritos. Incluso en las calles de Cuba la detienen para comentarle sus últimas ideas. Así, sin proponérselo, esta cubana encabeza hoy una tendencia que crece con fuerza en el cibersespacio, que está jugando un rol fundamental en formar opinión y donde han sido especialmente las mujeres las que se han destacado.
A Yoani también la censuró el gobierno cubano en marzo pasado. “Está claro que no me apoyan”, dice ella con humor. Desde esa fecha su blog es inaccesible desde los sitios públicos de Cuba. Y sólo puede actualizarlo a través de amigos extranjeros a los cuales les envía por e-mail los textos. Y ellos los suben al blog. El gobierno tampoco le dio autorización para viajar a España a recibir el premio Ortega y Gasset, del diario El País, que ganó en la categoría de Periodismo Digital en abril pasado. “Por un lado estuve triste por no estar ahí, en una ceremonia que me merecía; haber perdido esa noche que nadie me la va a devolver nunca. Pero, por otro lado, lo celebré con mis amigos y familiares en el mismo momento en que en Madrid se estaban dando los premios”.
Todos los contenidos de su blog los genera en su casa. Los tipea, los guarda en un disquet, y cuando puede tener acceso a internet los sube. Esa astucia para difundir sus escritos a pesar de los obstáculos, y los contenidos de los mismos, le significaron recibir ese reconocimiento.
“No me lo esperaba para nada. Pasé del estupor de no es posible, ¿cómo es eso?, a un profundo sentimiento de responsabilidad, de decir hay Dios mío, en qué me he metido! De alguna manera esto implica también un reto y una responsabilidad. Yo sólo era una ciudadana que escribía su día a día y sin embargo he recibido un premio. ”
- ¿De dónde surge la idea de su blog?
- Llegué a un punto de saturación de preguntas, frustraciones, crónicas de cada día que no se veían reflejadas en los medios. Creo que nació de ese abismo que hay entre lo que nos pasa, lo que nos quiere hacer creer la prensa que somos, y lo que realmente somos. Fue precisamente el conocer la existencia de los blogs, el saber de esa infraestructura tan personal que permite hablar en primera persona, que permite arranques emocionales, que permite que uno no tenga que ser un especialista en comunicación, ni un analista político para atreverse a crear un blog, lo que me llevó a publicarlo.
- Pero eso tuvo sus costos para usted, ¿no habría sido más fácil no hacerlo?
- Esa es una elección de vida, las personas eligen vivir al margen de todo y encerrarse en su burbuja o mantenerse conectadas con la realidad. Yo personalmente ya he probado la burbuja, el ostracismo y la evasión. Y, en mi caso, que soy una persona a la que le duelen las cosas que siente y lamenta las cosas que le pasan, no funciona ese tema de la evasión. Ya lo he probado todo: he hecho yoga, tai chi, he ido al gimnasio para evitar conectarme demasiado con los problemas de cada día. Pero en mi caso no funciona. Necesito que me expliquen, exijo información y leer la prensa cubana es un magnífico ejercicio. Sobre todo para darme cuenta de lo que no se dice. Además, no me gusta hablar de lo que no sé. Normalmente escribo sobre cosas que me pasan, me gusta tener al menos la lectura de la prensa para decir: yo lo he leído, yo lo vi, no es algo que me han contado ni he especulado. Lo conozco. Y eso me da la base para poder hablar de las cosas que pasan en mi país y contárselas al mundo.
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Más info de este tema en el post Balseros digitales
El blog de Yoani aquí