El caso Mosley: prensa vs intimidad
Martes, Julio 22nd, 2008En la profesión periodística el informar es una premisa. Y el derecho a estar informado es otra premisa de la gente, tanto como la libertad de expresión. Pero… ¿qué pasa cuando mi derecho a informar se topa con el derecho a la intimidad de otra persona? Estalla el escándalo, como es el caso de uno de los patriarcas de la Fórmula 1, el inglés Max Mosley, que fue descubierto por el periódico News of the World en una fiesta sexual sadomasoquista. “El patrón de la F-1, Max Mosley, en una enfermiza orgía nazi con cinco prostitutas”, tituló el diario el pasado domingo 30 de marzo en un largo artículo en el que detalló las cinco horas de sexo sadomasoquista del presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA).
“Cinco madamas dominantes de alto standing, un hombre rico y con muchas canas que lleva 45 años practicando sadomasoquismo a espaldas de su familia, un tabloide con muy pocos escrúpulos, una orgía de sexo y dolor con evocaciones nazis (o no, ya se verá…), unos padres aristócratas y fascistas que se casaron en casa de Goebbels y con Hitler de invitado, un caso quizá crucial para la libertad de expresión o tal vez para el derecho a la intimidad, y un juez con fama de querer legislar por su cuenta. Introduzca estos ingredientes en la coctelera mediática; agite con entusiasmo, pero procure no lastimarse –la legalidad del sadomasoquismo no depende de las ganas de los protagonistas, sino de las consecuencias de sus actos–, y sirva el explosivo combinado en la copa que más gusto le dé: está usted a punto de entrar en el apasionante litigio que enfrenta a Oswald Mosley y al dominical londinense News of the World”, tal fue el encabezado de un excleente artículo de El País de España. Pero además, en mi opinión, el resultado de este juicio tendrá mucha influencia en el ejercicio periodístico y en el conflictivo límite antes expuesto: ¿Hasta dónde debe llegar el derecho a informar, y hasta dónde el de la intimidad?
La nota no sólo describió el escándalo sexual, venía con el video incluido ya que el diario aparentemente le pagó a una de las prostitutas para filmar todo. El videito está disponible (versión light obvio) en Youtube y en todo internet. Mosley, lejos de encerrarse a llorar, pateo el tablero y demandó al diario. El sexo y el sadomasoquismo, video mediante, no parecen estar en discusión, pero sí, en cambio, lo está el derecho a la privacidad y el término nazi, algo que Mosley niega y de hecho no parece ser claro que porque una de las chicas lleve uniforme militar, se trate de una orgía nazi. Los antecednetes familiares de Mosley no lo ayudan, pero nadie va preso o es culpable de algo porque un familiar cometa un delito o tenga amigos criminales.
En las sesiones del juicio, celebradas la semana pasada, se ha sabido que conoce a la organizadora del grupo, identificada como Mujer A, desde hace unos dos años; que le dio 45.000 euros para alquilar y reformar el sótano de Chelsea; que se ven cada dos semanas más o menos; que a él le conocen por el nombre de Mike, y que paga unas 500 libras por sesión a cada chica. La Mujer A suele organizar sesiones masivas de S&M en una casa del norte de Londres, en las que cobra 250 euros a cada asistente. Pero lleva dos meses sin trabajar porque muchos clientes la han reconocido en el video de Mosley y se han asustado. “Me han reconocido por la manera característica de mis latigazos”, explicó en el estrado. Negó que hubiera connotaciones nazis en la sesión con Mosley, pero reconoció que en el fragor de los azotes se le escapó la frase “somos la raza aria, los rubios”, una referencia que en ese escenario lleva a pensar en el nazismo.
La Mujer B es alemana, y es la que hablaba en alemán con Mosley. Pero también ella negó que fuera una orgía nazi; afirmó que sentía como “un insulto y una ofensa que un diario considere que alemán es lo mismo que nazi”, y explicó que la chaqueta de la Luftwaffe utilizada aquel día es contemporánea, no de la era nazi.
La Mujer D, que está acabando su doctorado, no ha perdido clientes porque en el video sólo se le ve el trasero, y “a menos que alguien esté muy familiarizado con su forma, es muy difícil que me reconozcan”. La Mujer D afirmó que la idea de la sesión fue suya, y que el objetivo no era recrear un campo de concentración, sino someterse al sufrimiento de ser interrogado por un extranjero, y que la rotundidad de la lengua alemana le pareció ideal para sentir esa presión. La Mujer D se declaró muy disgustada por la traición de la Mujer E, que aceptó colocar una cámara oculta en el sótano de Chelsea para que News of the World pudiera probar la historia y le pagara los 32.000 euros prometidos. Pero al final sólo cobró 15.000 porque las alegorías nazis no eran tan clamorosas como esperaba el diario. El hecho de que sea o no una sesión inspirada en el nazismo es una de las claves en las que el News of the World se apoya para justificar que la publicación de la historia tenía interés público.
En resumen, un caso de sumo interés público, judicial y periodístico. Es que cuando se juntan el sexo, un famoso, mucha gente con ganas de saber sus cosas y un medio dispuesto a contarlas, el resultado es incierto. El final, que podría salir a la luz este mes, está abierto. Está en manos de la justicia decidir si será el principio de algo, y está en manos de algunos saber leerlo.
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